Hemos elegido el nombre de Odiseo porque para nosotros simboliza la figura del inmigrante, de quien recorre el mundo y experimenta la alegría o el dolor que causa la acogida o el rechazo de aquel pueblo que lo recibe. Queremos ser como Alcínoo, rey de los feacios, quien en la Odisea de Homero, recibe a Ulises con estas palabras:
Oíd lo que os digo, las palabras que mi corazón en el pecho me dicta. He aquí un huésped que no sé quién es; llegó errante a mi casa, venga ya de poniente o de donde amanece la Aurora, nos suplica encarecidamente que lo acompañemos.

jueves, 13 de noviembre de 2008

¿Por la puerta de atrás y a la torera?


No sabía que los países tuvieran puertas. Y menos que tuvieran dos: una de delante y otra de atrás. Pero parece que el señor Rajoy, presidente del Partido Popular, así lo cree.
El pasado día 9 de noviembre en Zaragoza anunció una propuesta de reforma de la Ley de Inmigración que se base en los principios de "orden, control y ley". Y añadió que es preciso evitar las regularizaciones masivas de trabajadores inmigrantes y redefinir el derecho a la reagrupación familiar en España para impedir que "se convierta en un procedimiento para entrar por la puerta de atrás" y con el objetivo de que sirva, exclusivamente, para "recomponer núcleos familiares".
En este lugar leemos que Rajoy utilizó además la expresión "a la torera".
No sabemos a qué expresión se refiere el señor Rajoy.
Saltar a la torera es "saltar sobre algo apoyándose en ello con una o ambas manos y pasando por encima el cuerpo con los pies juntos sin rozarlo."
Saltarse a la torera (con el verbo reflexivo) es "soslayar una obligación o un compromiso."

Sinceramente, no sé a que se refiere con "la puerta de atrás" y con "a la torera", pero esa redefinición del derecho a la reagrupación familiar no suena nada bien.
Usar frases hechas o coloquiales en asunto tan delicado como la inmigración no me parece nada acertado.
Hace unos días colgábamos un post sobre la Europa cerrada. Por lo que parece no está lo suficientemente cerrada. Hay que tapiar la "puerta de atrás" y dejar sólo un poco entreabierta la de delante.
¿No le parece bien al señor Rajoy que un inmigrante que lleva en nuestro país largo tiempo puede reclamar el derecho de traerse a su familia a la que no ve desde hace mucho?
¿Acaso la mujer, o el marido, y los hijos de ese inmigrante van a entrar por "la puerta de atrás"?



Creo que Rajoy ha estado muy desacertado y sus declaraciones me han hecho recordar un artículo interesante, que ya tiene más de dos años, sobre fronteras, vallas, control ...
Pese a que he añadido el enlace, me parece oportuno aportar directamente a este post algo de lo dicho en el artículo enlazado:

Si las fronteras delimitan el territorio sobre el que un Estado puede ejercer legítimamente su jurisdicción, su soberanía o suprema potestad, la ciudadanía constituye el mecanismo legal del que se vale el Estado para distinguir entre los miembros de su asociación política y los que no pertenecen a ella. Fronteras y ciudadanía desempeñan de consuno un cometido constitutivo en relación con el Estado y la comunidad política. No se acaban ahí sus funciones: juegan también una función policial, que se pone de manifiesto en el control de los flujos migratorios, pues las fronteras se erigen como muros reales para intentar contener a quienes desean inmigrar y no poseen los papeles adecuados de ciudadanía que les autorizaría a hacerlo.

Fronteras y ciudadanía se dan de la mano también para poner trabas a la libertad de tránsito y residencia (reconocida, por ejemplo, por el art. 12 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos adoptado en 1966). Reforzadas las fronteras con la justificación de controlar nuevas formas de delincuencia, apenas pueden ocultar su función de barreras frente a quienes huyen de la miseria y de la guerra. Su mantenimiento implica apostar por la persistencia de modelos de exclusión y contención que se han demostrado tan ineficaces como injustos.

APOSTILLA (incluida el 06-10-2006):

El miedo a la “desnaturalización” de un país por el incremento del número de inmigrantes no es más que el pánico ideológico de perder hegemonía y control social, pavor a la pérdida de homogeneidad grupal que nunca, o casi nunca, ha existido. Toda sociedad es el resultado de siglos de relaciones, de presencias y de historia, pero una sociedad es, por encima de todo, el conjunto de las personas que la componen en un momento determinado.


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